jueves, 7 de febrero de 2013

Todo dura un instante, para toda la vida


Hace exactamente un año tenía los ojos llenos de lágrimas ante un llamado que me alertó sobre la triste noticia del fallecimiento de Luis Alberto Spinetta, poco antes de que la información se esparciera por todos los medios de comunicación. No creyendo en lo que escuché decidí corroborarlo con un amigo cercano del Flaco y el ambiente se llenó de desolación, y algo de bronca,  al escuchar sus palabras.
Tuve la suerte de llegar varias veces a Luis y de distintas formas. Primero, como todos, me acerqué a él por su música que fue una especie de “sanación”. En esos momentos donde el desánimo atenta contra los sueños aparecieron sus melodías, sus riffs y su poesía generando un oasis en mí y demostrándome que “mañana es mejor”. También fue una forma de abrirme a otro universo armónico y sonoro, escapando del vomitivo estilo radial que intenta imponerse.
Un momento histórico para el Rock Nacional se registró aquella ventosa noche de las “Bandas Eternas”, donde la magia se propagó aún más. No podía creer que alguien haya dado semejante concierto y como consecuencia de ello decidí dejar grabado “Spinetta” en mi piel.
Al año siguiente, tuve la dicha de conocerlo personalmente gracias a una entrevista que le realicé a Nerica Nicotra, su bajista en aquella época. Al finalizar su show en el Coliseo aquel 9 de octubre Luis estaba en su camarín junto a sus músicos y tuve la fortuna saludarlo. Invadido por el miedo y la sorpresa sólo atiné a decirle “tengo mucho miedo” y a convidarle fuego para que encendiera un cigarrillo. Entre balbuceos, y con una mirada fascinada por la situación, pude sacarme una foto con él, pensando que era lo máximo que podía alcanzar. Fue uno de esos días donde todo es perfecto y quedó registrado como uno de los más felices en mi vida.
Sin embargo, algo más iba a suceder y nuevamente iba a estar frente a mi ídolo máximo. El 26 de noviembre de 2010 Luis me abrió las puertas de su casa para que pueda entrevistarlo para el medio donde trabajé algunos años. Sin dudas se trató de un privilegio sabiendo cómo era su relación con la prensa y sus apariciones en los medios de comunicación.
Ingresé a la Diosa Salvaje y lo esperé unos minutos en la pecera del estudio rodeado de infinitos botones y respirando el aire de una atmósfera plagada de música. Y allí apareció él con la calidez y la humildad que lo caracterizan para sentarse en frente mío durante poco más de una hora y concederme la entrevista más importante de mis jóvenes años de periodista. En el medio de la charla le mostré aquel tatuaje que me hice luego del concierto de las “Bandas Eternas” y con sus ojos desorbitados ante la sorpresiva situación me dijo “vos estás loco, tu papá te tiene que matar. Le entregaste tu piel a mi nombre y cuando levantes el brazo tenés las puertas del mundo abiertas”. Porque Luis además era así, jamás perdía el humor y las ganas de hacer chistes.
Antes de despedirme me dice “nene, mirá la última guitarra que me dio Pensa” y tuve por unos segundos la viola que lució Luis en sus últimos conciertos con esos dos micrófonos P90 color crema que se destacan entre un esfumado violeta. Luego me acompañó a la puerta y se quedó intercambiando algunas palabras en la vereda como haría cualquiera de nosotros al despedir a un amigo. Me dio un abrazo, me agradeció y, juntando sus manos como quien está rezando, me dijo “lo mejor para vos”.
La última vez que pude verlo en persona fue en su camarín luego de otro de sus geniales conciertos. Él estaba allí sentado frente a una estufa junto a Vera, su hija menor y corista de su última formación. No quise molestarlo, ya se lo notaba cansado, y así como me acerqué a él volví sobre mis pasos.
Luis Alberto Spinetta es mucho más que sus cientos de canciones, aunque ellas tienen impresas su sello y su forma de ser. Luis excede esa figura de músico de elite, de poeta, de guitarrista, de compositor y de cantante. Luis es un ser excepcional, cálido, generoso y con gran sentido del humor. Luis es porque Luis no se fue, nunca se irá. Podemos hablar de que pasó un año de su desaparicón física y a la vez de que se catapultó por siempre a la eternidad. Eso será siempre así, porque un guerrero jamás detiene su marcha y por eso siempre habrá que darle gracias.

Sebastián Konrad

El superhéroe de la nueva generación




Recorremos la historia de Gonzalo Aloras y conocemos todos los detalles de su último disco “12”. El rosarino nos abre las puertas de su vida musical y nos detalla todo acerca de su sonido.

Gonzalo Aloras nos abre la puerta de su casa y automáticamente se sienta en su piano “Rhodes”, como si no pudiera despegarse de la música. Quizás la música no pueda desprenderse de su mente, que incansablemente corre en busca de algo nuevo. Graba algunas armonías en el Boss Loop Station, y mientras éstas se repiten una y otra vez, se sienta en el piano acústico y comienza a tocar sobre esa base. Automáticamente se levanta e improvisa un solo con su Gibson SG. Todo es música a su alrededor. Decenas de discos parecen ser testigos de su sana obsesión por algo verdaderamente sensato. 
Las fotos de Frank Zappa, Los Beatles, Gustavo Cerati y sus “superhéroes” (Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia y Charly García), entre otros, nos dan una postal de quién es Gonzalo Aloras. Al escuchar su música comprendemos el valor que tienen para él esas imágenes. Cualquiera que comparte una charla con el rosarino se va a hundir en un mar de inquietudes que lo llevan a no detener su aprendizaje y a ir en busca de algo mejor. Gonzalo Aloras llegó a Buenos Aires para convertirse en un superhéroe de la nueva generación, de esos que se necesitan para luchar contra la monotonía y los modelos musicalmente establecidos. Su reciente disco, “12”, nos invita a recorrer un universo poco común por estos tiempos, y a experimentar sonidos que contagian experiencia, sabiduría y buen gusto.



¿Cómo se dio tu introducción a la música?


El principio de todo se da en Rosario, por supuesto, donde la música me atacó por varios flancos. Uno de ellos era mi viejo, Fernando, que en algún momento formó parte del Coro Estable de Rosario. No se dedicaba a ser músico, pero era un amante de la música. Falleció el año pasado, con 81 años, y entró al rock por nosotros, sus hijos. Su pasión era la música clásica, más cosas de Frank Sinatra y Silvio Rodríguez por ejemplo. Era muy ecléctico. Por otro lado, estaban mis hermanos más grandes, que escuchaban a Spinetta, a Litto Nebbia, a Frank Zappa. Una época donde los jóvenes escuchaban eso, aunque parezca mentira. Después se dio por el lado de mi abuela, que fue pianista de tango. fuese “pianera” (como le gustaba decir) era un elemento muy fuerte en la familia. El piano que está acá (en el living de su casa hay un piano acústico), que uso para divertirme y componer, es el que usaba ella. Ella me sentó al piano por primera vez y me introdujo en una cosa técnica y clásica al principio. Aprendí a entender y degustar más la “onda tanguera”. Finalmente, después de convivir con tanta música, mi vieja se dio cuenta que tenía que empezar a estudiar algo. Entonces fui a una especie de instituto que había cerca de mi casa. Allí estudiaba piano clásico y no duré mucho, porque en los momentos de descanso me dedicaba a sacar temas de Charly, aprender escalas, a leer y sentarme mejor. Por otro lado, empecé a estudiar guitarra con Nadir Dos Santos, que era un profesor particular del barrio. Hice “clásicamente” los primeros pasos, con libros, pentagramas y digitación, y lo disfrutaba porque sabía que era empezar a hacer música. Dos Santos no era un músico que hacía rock, sino que hacía folclore fusionado con jazz. Luego me compraron mi primera guitarra eléctrica, una Faim Stratocaster color sunburst, y sentí la sensación de que tenía en mis manos el pasaje a la libertad. No tenía equipo y conectaba la guitarra a un BGH, que era un equipo que tenía mi viejo. Eso me permitió tocar arriba de algunos discos que tenía. Uno de los primeros discos sobre los que toqué fue el primero de Invisible, cuando estaba terminando la primaria (hace pocos días, Machi Rufino, bajista de Invisible y amigo, me cuenta que se había puesto a sacar un tema de mi nuevo disco; imaginate mi corazón al recordar aquellos comienzos tempranos!). Ahí fue comenzando la cosa, y luego vino una guitarra mejor, un equipo y algunos pedales. Así hasta que en el secundario empezás a juntarte con otros que saben tocar y formás tu banda de rock. En ese momento me metí en una escuela de músicos que crearon los muchachos de la “trova rosarina”. Allí estudiaba piano con Iván Tarabelli, que era músico de jazz, y ahí empecé con la armonía a full. Él me dio las primeras herramientas armónicas. A cada profesor que iba le taladraba la cabeza con cosas que quería tocar o saber. De esa manera, llevándole canciones para sacar y analizar, a su vez ellos me recomendaban nueva música para descubrir, ligada a la sensibilidad que yo tenía. Es bueno que el docente capte tu sensibilidad para llevarte a sacar otras cosas. En los primeros años con lo que te vas topando, te va marcando a fuego. A la par de estos estudios, en el secundario formé mi primera banda de rock, que fue “Mortadela Rancia”. Empezamos a tocar en todos lados, en pubs y en bares, hasta que la cosa se fue poniendo linda y fue creciendo, y en el ‘94 encontramos un productor que se interesó por el grupo y pudimos grabar nuestro único disco, que se llama “Ciudad Paranoia”. Podría decirse que era una música más rebelde. Punk, a nuestro modo. Aunque se trata de un disco a la vez elaborado y sobrio. Todo coincidía con esa energía juvenil, con algo que estaba naciendo y se estaba expresando sin ningún tipo de miramientos. Eso hacía que hiciéramos cosas delirantes en vivo, y me acuerdo que teníamos fans grandes, porque se detectaba que hacíamos música sin temores ni tapujos, con letras salvajes, pero con cierto humor y poética. Tengo en mente juntarme de nuevo con mis amigos de Mortadela y volver a hacer algo. Era un disco potente, con power y muy ecléctico también. Porque tenés canciones medio “spinetteanas” y otras medio grunge tipo Living Colours.





¿Por qué creés que en la ciudad de Rosario hay tantos músicos talentosos?


Supongo que es el incentivo por las minas que hay. Esa pueda ser una de las razones. Cuando te vas de Rosario, te cansás de escuchar de “las minas que hay en Rosario”, una razón. Hay varias, pero la que voy amencionar es una respuesta que dio Litto Nebbia, y él dijo que la razón por la cual uno terminar haciendo algo fuera de Rosario, y dándose a conocer, es porque es tan difícil hacer algo en Rosario que al final te ponés en cabeza dura y salís al frente. El público es durísimo, nadie va a los conciertos locales, entonces te ponés tan cabeza dura y en un momento atravesás esa pared. Yo recuerdo que, siendo chico, sabiendo que estaba Fito, Nebbia, y otra gente que admiraba mucho allí, me hacía poner las pilas porque se iba armando una especie de mística en la ciudad.

¿Cómo fue la llegada a Buenos Aires?

Al tiempo de estar en Buenos Aires viviendo recibí la invitación de Fito Páez para formar parte de su banda, y ¡qué banda! Yo llegué y estaban Claudio Cardone, Guillermo Vadalá, Emmanuel Cauvet, Nicolás Ibarburu, y una sección de vientos cubanos impresionantes. Era un despelote, imaginate. Yo era el más pendejo de todos, o al menos me sentía así delante de tantos monstruos. Yo empecé a aprenderme las partes del disco, e incluso me quedaba a dormir en Circo Beat, porque no llegaba con los tiempos y tenía que tocar muchas cosas a la vez (guitarras, bases de teclado, voces, coros), me divertía mucho. Al poco tiempo de estar acá empalmé con eso y fue para mí, por donde lo mires, una especie de bendición. Fito fueuno de los artistas que yo escuché mucho y con el cual disfrutaba mucho. Ahora que lo pienso, para mí fue una de las mejores experiencias de mi vida. Él también es rosarino y se daba eso medio romántico también.

¿Cómo se dio tu participación en la película “¿De quién es el portaligas"?

Empecé a tocar con Fito en el ‘99 y esto se dio en el 2007. Fue como el cierre. También fue una experiencia formidable, primero porque fue la primera vez que actuaba seriamente en un largometraje comercial. Ya había actuado haciendo una especie de papelones en algunos cortos, cuando estudiaba cine en Rosario. Lo otro, que fue grandioso, es que me haya dado la posibilidad de hacer la música del film. Yo quería dar lo mejor y dar todo, saber que no me iba a quedar pensando que podía haber puesto una nota o un arreglo mejor. Es una de las cosas que producciones que más orgulloso me tiene, como laburo específico de hacer algo para otro. 



¿Cómo en tus composiciones podés modernizar un rock, que a la vez conserva la concepción clásica delas primeras épocas de nuestro rock nacional?

Era un poco lo que yo sentía que hacía Fito con Charly, o bien Charly con Nebbia. Sui Generis, de alguna manera, es una versión “aggiornada” de “Los Gatos”. Te hablo tratando de ver esta historia línea de tiempo. Es lo que a mí me gusta: tomar lo que más me afecta del otro para incorporarlo a un proyecto futuro y renovarlo. Eso es lo más prodigioso que uno puede hacer en una disciplina artística. Hay que tratar de hacer  un nuevo aporte sin repetir pero tomando algo de lo que hicieron otros. Si escuchás “12”, tenés la sensación de escuchar el rock argentino de la “primera hora” o la “segunda hora”, pero en una “tercera hora”.

Noto en “12” que se vuelve a respetar el concepto de canción, en una época donde se deja bastante de lado.

Tomar la canción como un espacio de búsqueda, de investigación, de riesgo, no solamente de fórmula, en se sentido sí comparto que “12” es un disco que se suma a la fila de los experimentadores de la canción. No están “metamorfoseadas” las estructuras clásicas de la canción, pero sí vas a notar que en cada una de las piezas están logradas estas cosas de proponer un gesto nuevo, una manera nueva de combinar acordes o arreglos. La manera en que está arreglada u orquestada la canción, en mayor o menor medida, es un aporte concreto que tiene que ver con el mundo de la canción. Yo puedo agarrar la guitarra o el piano y hacer algo contundente, algo que se sostenga. Esa es una de mis búsquedas, de mis preocupaciones. La consistencia. La cuestión técnica, que para mí forma también parte de la composición, está aplicada en función de la canción y no del instrumento en sí mismo. Eso es una elección, porque quizás llegará un momento en el que quiera hacer un disco más “guitarrístico”, más específicamente sonoro o donde haya un atrevimiento mayor de texturas. Quizás algún día haga algo instrumental. Pero ahora la aventura vino por el lado del universo de la canción, que es mi objetivo primero. Por ejemplo, hay dos canciones del disco en las cuales no encontré más posibilidades utilizar un solo instrumento a la obra, en función de la sensación que te produce en su totalidad la canción.

¿Las canciones se compusieron de acuerdo al músico invitado, o ya estaban compuestas?

A la hora de terminar el disco, tuve una charla con Rafa Arcaute (co-productor de “12”) y nos pareció que era una idea brillante terminar de formar el “dream team” con invitados de esa índole. De hecho, ya era algo que había experimentado en el primer disco Algo Vuela donde estuvo Charly García. Entonces, tomando mi disco “Superhéroes”, pensaba que en este me faltaban dos superhéroes para completar la trilogía, Litto Nebbia y Spinetta. Quienes felizmente grabaron en 12. Abrí también los superhéroes a la siguiente generación, pues participan Juanse y Fito.

Yendo al sonido, ¿qué guitarras usás actualmente?

Siempre he variado mucho y he variado poco a la vez. Esto quiere decir que en las distintas participaciones que he tenido siempre traté que las sonoridades sean las que necesita el proyecto, no las que yo acostumbrase. Por ejemplo, cuando fui al primer ensayo de Juanse para grabar su último disco, llegué con mi viola y mi set de pedales, y él me miró y me dijo: “¿todo esto para qué es?”. Yo vi que él agarró su Gibson y enchufó derecho al equipo. Entonces cada vez tenés que reinventarte, porque eso que hacía con un pedal de volumen, de golpe lo tenés que manejar con el pote de la guitarra. Yo trato de no repetirme, porque creo que todos tenemos en el fondo un “perezoso” que quiere relajarse y ser. Entonces le hago un poco de resistencia a “ese habitante” generándome algunos mecanismos, como por ejemplo cambiar mis pedales durante algunos períodos. Voy cambiando las combinaciones de pedales para generarme una cuestión de vértigo y experimentación. Tengo la necesidad existencial de modularme a mí mismo algunas cosas para estar más activo neuronalmente. Últimamente estoy usando mucho una SG que compré para tocar con Nebbia. Cuando tocamos en el Obelisco para el Bicentenario tocamos temas de “Los Gatos”, y me acuerdo que después Fito y Juanse se preguntaban cómo había hecho yo para que la guitarra sonara igual a la de la versión original de “Los Gatos”. Y yo simplemente enchufé la guitarra directo al equipo y me imaginé siendo un “gato”. Otra de mis guitarras, y gran compañera de ruta, es la Parker. Es la mejor amiga de mi espalda, porque no pesa. Spinetta tocó con esa en el programa que hicimos juntos para “Volver Rock” y me la pidió para la presentación de “Para los árboles”. Menos mal que no se le ocurrió comprarla o pedírsela a otro, porque para mí fue algo emocionante. Quizás yo estaba haciendo un favor, pero sentía que el favor me lo estaban haciendo a mí. En la época de “Mortadela Rancia” yo me movía con Telecaster y Stratocaster. Ya con Fito aparecieron las Gibson, y luego apareció la Parker, me sirvió mucho en vivo porque emula con su piezo eléctrico una guitarra acústica y eso me facilitaba en vivo. No es una guitarra demasiado común, y me acuerdo que luego de uno de los conciertos de Fito, donde yo tocaba algunas canciones emulando una acústica con el piezo de la Parker, se acercó una persona y me dijo: “yo me di cuenta de que la parte acústica estaba grabada, me di cuenta porque soy músico”. Es algo que tiene que ver con eso: la guitarra no era tan conocida y suena muy imponente su sonido “acústico” en vivo. Estoy usando Fender Deluxe y un Marshall JCM900, que es un amigo mío de toda la vida, pero lo tengo bastante guardado porque en los lugares donde estoy tocando usualmente no lo puedo usar. En los últimos años es más notorio el tema del sonido, de la queja de los vecinos, del límite horario. Ya no se puede tocar con tanta regularidad. Entonces tenés que armarte de combos o cosas más transportables.



¿Qué efectos usás ahora?

El “método Juanse” hay que tratar de aplicarlo, por eso uso mucho el footswich del equipo. Una de las cosas que no cambio nunca es el afinador cromático de Boss. Tengo un Compressor-Sustainer, un Delay DD-3 y un Trémolo, y la distorsión del SansAmp. Ahora uso el compresor para despegar en algunos momentos, o bien para usar de booster, o bien cuando necesito presión sonora y contener la dinámica. El compresor te permite delimitar el rango de picos y volúmenes. Al trémolo lo amo y, tanto como en el piano Rodhes, puedo tocar un tema sólo con eso. Me resulta un pedal muy expresivo. El SansAmp es uno de los pedales más “gauchitos”, porque las variables que da son realmente variables, tanto desde el ecualizador como en la selección de “preamps”. Y mi otra compañera es la Loop Station de Boss, que me sirve cuando tengo los momentos en solitario. Grabo un puente o una estrofa para mantener la base en un solo o en una parte instrumental. A pesar de ser digital graba muy bien.

¿Qué te gusta de los guitarristas que admirás?

Una de las cosas que más me gustan es ver cómo algunos pueden lograr todo desde las manos. Habría que buscar generar sonidos, pero en lugar de usar pedales, usar las manos. No es imposible, y a veces pasa, queriendo o no queriendo, que van surgiendo cosas de acuerdo a la manera de tocar. Hay que seguir diciendo que todo pasa por la mano, la pulsación y el contacto con la piel. Eso determina el sonido. En otros instrumentos no pasa, pero en el caso de las violas está en la combinación de los elementos físicos. Hay una frase que parece trillada, pero “lo importante es el espíritu”. La gran demostración de eso es una casa de música con una viola y un equipo, y gente que va pasando y la hace sonar distinto. Los guitarristas que me gustan son los pueden ir derecho al equipo, sin intermediarios (efectos) y lograr buenos efectos.



¿Qué guitarristas tienen esas cosas que te gustan?

No me los voy a acordar a todos, pero sí por lo menos quiero hablar de esos que cuando los escuchás decís: “quisiera lograr algo así”. Uno de los más grandes violeros que escucho es Joao Gilberto. Un tipo que con seis cuerdas inventó un mundo. Pat Metheny es otro, porque también inventó otro mundo. Te doy estos datos para que veas que no es una cuestión de virtuosismo y técnica, aunque sin eso no se pueda hacer nada, sino de la relación que tienen estos músicos con el instrumento. Hacen maravillas que no terminás de entender. Me gusta volverme loco y no saber lo que hacen. Gilberto hace cosas que no se pueden tocar de una manera distinta a la de él. Me gusta mucho Larry Carlton, que también es un músico que apunta a lo melódico. Siempre tira frases que se pueden cantar, porque buscan una melodía y un desarrollo en lo que hacen. También me gusta Jimi Hendrix. Inventó una “onda” de guitarrista: la postura, el cuerpo, su relación con el instrumento, el look. Y lo otro de Hendrix que es fabuloso es todo lo que el tipo hace entre una idea y otra. Cuando pasa de una estrofa a otra, mete algo en el medio. Eso que hay ahí es lo que me gusta, lo que hace “en el medio de algo”. Me hubiera gustado escucharlo tocar de viejo. Vernon Reid, que sí es virtuoso y está totalmente “del tomate”. Él hace una utilización de la velocidad en intensidad pura. Y el N° 1 para mí, por su discurso, su ética, y su caudal de obra es Frank Zappa. Otro que no llegás a entender bien qué hace, sumado a una digitación muy personal. George Harrison, por su sensibilidad, su economía, su estilo y su criterio. Tocó en la banda más importante y encima salió bien parado. Todas sus intervenciones son maravillosas, además del uso del slide que hace. De Argentina, Gustavo Cerati es el otro violero que me gusta. Le mirás las manos y pensás que suena otra cosa distinta a lo que hace. Como guitarrista rítmico hace bailar poniendo acordes con 11°# y 13°, sin que nadie se entere. Y no puedo dejar de nombrar a Luis Alberto Spinetta, que sería como el maestro de Cerati, por hacer mención a aquella línea de tiempo que mencionaba antes.

¿Qué proyectos tenés de aquí al futuro?


Presentar el disco es lo más importante, porque implica salir con la banda y tratar de salir del barrio de uno para tocar en otras provincias y otros países. Se vienen un par de años bastante movidos, para sacarle un poco de jugo al disco porque está bueno y hay que hacerlo conocer, y uno debe hacerse cargo del material que produjo. Lo que estoy entregando es algo que está bien hecho y tiene, potencialmente, la fuerza sanadora que uno siempre busca o anhela de los discos que uno ama. Yo creo que creo que estoy haciendo el laburo de hormiga de hacer circular estas ideas, amén de mis relaciones con otros proyectos Ya produje una banda integrada por dos rosarinos y dos porteños, llamada “Intrépidos navegantes”, y el disco se llama “Aguas”. Son chicos jóvenes, de 20 años. Esa es una de las actividades que me gustará seguir desarrollando. La poca o mucha experiencia que uno tiene, no sólo hay que usarla para uno, sino que debe transmitirla. Grabé también otro disco de un cantautor llamado Alejandro Corvalán, que estaba en Mar del Plata con la guitarra al revés tocando temas rarísimos. Me acerqué después de escucharlo y le dije si tenía más temas, y nos fuimos organizando e hicimos la pre-producción y la producción de ese disco. Me gusta estar atento buscando cosas en Facebook o Youtube, o donde sea. Quiero encontrar propuestas donde poder participar o ayudar. Cuando uno disfruta de algo y le genera un goce o un placer, quiere que los otros también lo disfruten. Sin dar ninguna vuelta, en el momento en que se produce una nota tocada en una guitarra, está todo el cosmos puesto en juego. Esa es mi visión de la música. Así la hago, así la siento, y la siento cuando es de otros. No encuentro un motivo por el cual no pensar así. Cuando hay una nota se pone en juego todo. No se puede aislar eso, y hasta me parece triste y peligroso hacerlo. El arte y la música es uno de los medios donde uno puede relacionarse con todo. Yo creo que la música, cuando está bien hecha, te toca y te afecta en un momento dado de tu vida, puede tener efectos sanadores y te puede ayudar como persona. No creo en magia ni en religiones, sino que hablo de la música.



Sebastián Konrad
(Noviembre 2011)







“La música es tan fiel como un perro”





Les abrimos las puertas de la vida de Willy Crook para mostrarles su universo musical. Quien supo ser saxofonista de “Los Redondos”, hoy nos cuenta su relación con las seis cuerdas.

Su vida tiene todos los condimentos que cualquier “estrella de rock” puede contar en su autobiografía. Como su historia no tiene nada que envidiarle a la de cualquier músico consagrado internacionalmente, podemos aquí hacer una pequeña reseña.
Su imagen aún conserva los rasgos que podían tener los rockeros de la primera escuela. Su peinado y sus patillas nos remiten a las décadas en que el rock and roll daba sus primeros pasos. Esos pasos que motivaron a Willy a unirse a esta loca carrera.
También su música conserva los vestigios de los artistas que encabezaron una revolución. El “Rhythm and Blues” forma parte de sus gustos y queda plasmado en su obra. Sin embargo, su incansable espíritu lo lleva a no detenerse y a seguir siendo “in-quieto”, experimentando en otros estilos y con diversos instrumentos.
Su historia habla por sí sola. Sus anécdotas adornan, con total sentido del humor, todo aquello que vivió, que padeció y que disfrutó en este puñado de años plagados de música.

LOS PRINCIPIOS

Al principio fue el swing, y el swing dijo “hágase la armonía” y la armonía no estaba disponible. Así que se equivocó Dios. Dios es el swing, es indudable eso. El ritmo, los planetas y todo eso tienen algo. En este momento me estoy poniendo profundo para explicar los principios. Yo se que usted quiere que hable de mis principios, pero yo se que son intrascendentes, así que hablo de los principios en general.
Yo creo que algo en mi estaba esperando que naciera, así que se fue dando un poco en casa, de chiquito. Yo no tenía demasiada información a mi disposición. Aquí hablamos de mi “época post-uterina” para que vean que vamos rápido. Yo sentí una llamada de la música, pero no había posibilidades en mi pueblo. Gesell no es lo que ustedes conocen hoy. Era la nada. En mi casa en un momento hubo un tocadiscos pero no se podía usar “porque se rompía”. Tiempo después supieron que ellos también podían disfrutar de las cosas pero tuvieron una infancia muy dura, así que el tocadiscos no se tocaba. No hacía falta que me peguen, no era rebelde con eso. Tenía poco acceso a la música, entre lo que recuerdo un disco de “Les Luthiers” y las cosas que escuchaba en la radio o en el verano, cuando venían todos los chicos con sus peinados y sus motos y no sacaban a todas las chicas que nosotros veníamos trabajando duramente durante el año. Nosotros trabajábamos como roedores socavando cimientos y ellos con un mover de pelos y decir “mis All Star son importadas”, ya ganaban. Por eso el folclórico deporte de “tiro al porteño”. En casa había una guitarra y superé “Juegos prohibidos” y no me acuerdo qué tocaba. Ella me agarraba y yo la hacía sonar. Felizmente no me acuerdo que tocaba. Surgió entonces la idea que vaya a un profesor. Ahí empecé con un profesor que era un nazi. Un nazi fracasado, que es peor. Sólo recuerdo que habalaba de sus viejas glorias y lo grosso que era y me dio dos sambas para aprenderme. Yo las saqué enseguida, entonces llegué a la clase y las toqué. El proyecto del hombre a la segunda clase era que siguiera tocando esas dos sambas que ya había sacado. No sé cómo pero reconocí rápidamente a un imbécil. Alguien que agarra y arruina alguien en la mejor edad es una persona nefasta. Alguien que le come la cabeza a alguien que está en una edad donde todo es posible (tanto ser astronauta, cazador de extraterrestres o músico) no tiene perdón y yo lo recuerdo muy bien. En fin, ojalá le haya ido como se merece. Yo quedé tan rabiado que me caí a propósito y rompí la guitarra. No me atreví a romperla como una estrella de rock. Mirá que loco el asunto. Mirá lo que puede lograr un mal bicho dando consejos. Ahí no toqué durante un buen tiempo y después en España, por unas cuestiones de fundirnos y eso, tuvimos que ir a TORRE Torremolinos y ahí había gente tocando en la calle. Había cosas que jamás me habían contado que existían y dije “coño, hay un mundo por ahí afuera”. La música me empieza a tocar la puerta de nuevo, como ha hecho más de una vez y le debo mi presencia. He tenido pasatiempos bastante destructivos, entonces la música siempre estuvo ahí esperando que se me pasara la personalidad. Es como un perro la música, así de copado. Para tener la categoría de un perro en mi mundo tenés que ser como mucho. Cuando estás contento, vas le tirás un palito y la música te lo trae y mueve la cola. Si estás triste la abrazás. Y si estás cruel gratuitamente, le das una patada, lo pensás, te arrepentís al instante y la música te perdona al instante también. La música es lo único que conozco tan noble y cariñoso como un perro.
Luego, decido que mis padres se las iban a arreglar sin mí y me pianto de mi casa con 14 años. Estaba sólo en Torremolinos, que era como “La Salada” de Buenos Aires. Era una grasada. Yo no era muy sociable, pero tenía amigos correctos que me recomendaron un lugar mítico llamado Ibiza y me fui a dedo. Allí comencé a meterme en zapadas fantásticas con gente que estaba a mi nivel musical. En la misma zapada estaba Alvin Lee de “Teen Years After”. Todo eso era ayudado por ciertos alucinógenos que no eran los que te hacían reír. Así que no lo intenten en sus casas niños. Ni con eso, ni con nada. Recomiendo estar loco gratis. Lo único que hacés es gastar plata porque en un momento dejan de pegar bien. Recomiendo que estudien y que tengan vuelo propio, sin nada extra. Hubo gente que demostró que es posible.
Entonces, todo eso fue germinando. En Paris me aprendí “Moliendo café” y algún tema de Fontova y conseguí una guitarra y tocaba en el metro. Vivía en la calle o en un edificio tomado. Vivimos con lo puesto, un bolsito y una campera muy grande para salir servido de los supermercados. Donde me llevaban, me quedaba. Hoy nadie te para. Te pueden llevar puesto, eso sí, pero no llevarte de acá para allá. Después de eso, vuelvo a Ibiza y me hago muy amigo de una gente que hacía saxos de caña. Para meterme en el asunto me dejaron lijar las cañas. Cuando terminé de trabajar, porque uno de ellos se iba, me tenían preparado uno. Había alguien que tenía un cassette del Gato Barbieri. Era lo único que tenía, así que su sonido era el de todos los saxofones. Después de esto vuelvo a Argentina y se me ocurre comprarme un saxofón. Tenía plata y me lo compré. Lo más valioso es el tiempo y cuando tenés plata podés comprar tiempo. Así que, “no compres mañana lo que podés comprar hoy”. Me vine antes que mis viejos, y me ocupé la casa de las afueras de Villa Gesell y practicaba sólo, aunque me escuchaba todo el pueblo, porque en el silencio se escucha mucho.



UNA EXTRAÑA BANDA LLAMADA SUMO

En ese verano conozco una banda extrañísima, con un guitarrista que parecía que pateaba un alambrado y tocaba de espaldas, un saxofonista muy ridículo con dos barbas y un cantante que parecía que iba a asesinar a la primera fila. Esa banda se llamaba “Sumo” y ahí empecé a tocar un poco en guitarreadas con Luca Prodan. Él me salvaba de unas grescas importantes. Recuerdo una anécdota en Gesell, cuando estábamos en un bar en la playa, que un tipo me una a tirar una botella y al momento de tomar envión Luca le dice: “vos tenés envidia porque este tipo está más loco que vos”. Ahí el tipo se queda reflexionando y aprovechamos el tiempo para salir corriendo.

DENTRO DE UN MUNDO REDONDO

Un día fui convocado por la Negra Poli y Skay para formar parte de “Los Redonditos de Ricota”. En ese momento recuerdo que el Indio decía que yo era un inútil, que no sabía tocar, y Skay decía que quería tenerme en la banda. Yo, obviamente, le remarcaba que el Indio tenía razón, que yo no sabía nada. Pero para Skay Patricio Rey quería que yo formara parte de ese proyecto. Fueron lindos los momentos en la banda, hasta que llegó un momento donde yo quería que las cosas fueran de otra manera y, al ver que nada cambiaría, me fui. En realidad, una tarde estábamos en un ensayo y luego de una discusión me ofendí y dije “me voy”. Cuando bajaba las escaleras pensé, “ni en pedo me voy” y volví a subir. Finalmente terminé yéndome de la banda luego de grabar los primeros dos discos de Los Redonditos de Ricota. Ahí volví a estar en la calle, sin un mango. Pero yo prefería ser fiel a un instinto, a no quedarme estancado. Hoy me llama la atención ver a algunos personajes hacer lo que siempre dijeron que no debía hacerse. Pero bueno, es así…

EQUIPAMIENTO

Cuando las cosas se empezaron a reducir drásticamente debido a unos artículos que se llaman billetes de dinero, en el 2000, mi empresa se hizo más unida que nunca y yo era el presidente y el plomo. Entonces tuve que despedirme porque perdí mi propia guitarra y el único culpable era yo, porque quedaba yo sólo. En el 2000 los acontecimientos se precipitaron. No sé bien cómo fue la historia, pero FAIM me regala una guitarra y le contesté que no me gustaba “porque no me hacía juego con la bijou”, provocando la indignación de este buen hombre. Él me dijo que “no podía ser tan boludo” y yo le dije que sí, que se quede tranquilo y él me hizo una guitarra violeta muy bonita que estuve usando hasta estos tiempos en que el Indio Márquez me invita a probar una guitarra: la Cort M-Custom. Yo ya me había olvidado de aquellas gloriosas épocas en las que existía el Mecenas y el sponsor y en las que solíamos tener artistas “en la sala este de Palacio”. La traje, la probé, y era increíble como sonaba. Me sorprendieron las prestaciones y lo versátil que era. Tuvo una buena idea el Indio de dejármela todo un día porque realmente es para darle varias vueltas. Él me hizo la movida y hablé con Daniel Pérez de FAMA Music. Le conté mi historia con FAIM y le dije que yo seguiría respetando mi trato. También me compré una pedalera, “a rey muerto, rey puesto”, así que estoy analizando todas las posibilidades que tiene la VOX Tonelab Ex. Tiene un muy buen sonido y es muy práctica. De a poco me voy equipando. Ahora sólo me haría falta comprarme en algún lado 20 años menos para poder comprarme un buen amplificador y andar cargándolo. Se ha iniciado un romance con la Cort, que creo que durará mucho tiempo, a menos que se me caiga de la bicicleta y se me rompa como mi primera guitarra. Realmente es un instrumento que lo veo conmigo durante un buen tiempo. Por otro lado, a la FAIM le voy a poner una Floyd Rose, unos micrófonos asesinos, bien metaleros, así me ahorro dinero en psicólogos. La agarro, la pongo al palo y me la paso haciendo palanqueos y cortando cuerdas. Hago “terapia heavy metal” durante una hora y quedo como nuevo. La FAIM que conservo en acción es una criolla o electrocriolla, para darle más categoría, y le puse un encordado que es una octava más abajo. Hay que tocarlo de una manera muy suave y usarla con un amplificador porque tiene frecuencias que únicamente la bailan las ballenas y otros cetáceos. Y mi amigo Paulinho con el que toco en ”Bossa e Soul” consideraba que a la guitarra siempre le faltaba una cuerda, entonces alucinó cuando le vine con este encordado en la guitarra. Con las otras guitarras usaba 011. y en la Cort uso 010. porque tiene un mango amable para hacer punteos y demás cosas.



EL IMPEDIMENTO DE TOCAR EN VIVO

Pasan cosas raras porque mis contemporáneos que son de una generación anterior a la mia y tienen 15 o 20 años más, como por ejemplo Alejandro Medina o Pincheski o Los Redondos… Bueno, 15 0 20 años… Les hago precio porque son amigos. Esa “gentuza fascinante del rock vernáculo” se comió a los militares, yo a la policía y ahora a los nuevos grupos, que increíblemente hay un montón y no tienen donde tocar, se comen a los empresarios que les piden guita para tocar en boliches. A esa gente de los boliches “que les vaya como se merecen”. Yo tengo la pequeña complicación de ser uno de los pocos sobrevivientes de la clase media, que la música también la tiene, y que llevan 500 personas. Entonces me conviene quizás alquilar una sala o algo de eso. Es muy loco lo de tocar porque están otorgadas las licencias muy raramente. “Qué raro que suceda eso en este país, en el cual todo es cristalino”. Lo que sí tengo entendido, contrariamente a eso, es que se le da más bola a las universidades y a estudiar música. Yo antes pensaba que no haber estudiado era un orgullo y ahora es una vergüenza y trato de que no tomen mi ejemplo. Con la educación siempre ganás, aún si después no tenés trabajo. En Villa María hay una universidad que es puntualmente de música y me parece una muy buena idea. Hay falsas o reales bandas de Willy Crook con las que toco, en lugares donde no puedo llevar la banda, que estudian en Avellaneda y otros lugares. De eso puedo opinar, porque del resto mucho no puedo decir. Trato de ir solamente a mis shows, porque no salgo mucho. El otro día fui a una fiesta donde tocaron los “Altocamet” y estuvo muy bueno. Eso de que haya escuelas va a producir que el nivel suba. He visto guitarristas que tocan muy bien y eso está bueno porque genera competitividad, no competencia.

PROYECTOS ACTUALES

“Los Quietos” viene de que una vez estábamos grabando con Fernando Samalea y Daniel Melingo, haciendo la música de “Verano Maldito” de Luis Ortega. Ahí había que ponerle música a unas escenas trágicas y estuvo bueno porque fue un sueño realizado el de tocar frente a la pantalla, de acuerdo a la escena y tu interpretación del momento. Estuvo muy bueno. No sé cómo nos acordamos de un personaje que siempre estaba estático y Melingo le decía “no habrás tocado nada, pero que bien cuidás los estuches”. De ahí nos acordamos y un chiste dio pie a todo eso. Como Samalea las jodas se las toma en serio, consiguió una fecha en “Boris” y hasta ensayamos en serio. Dany eligió algunos de sus temas, sumamos algunos míos y otros de Luis Ortega, que son muy buenos, muy bizarros, muy deformes y muy digeribles. Ya tuvimos esa presentación y creo que ya es demasiado. Con Dany nunca hay desperdicio, cuando nos juntamos la cosa sale. A esto se junto Patán Vidal a reclamar sus derechos de “Quieto”, aunque no sé muy bien qué tocó, pero verlo ahí ya te tranquiliza.
En “The Royal We” hay parte de “Los Funky Torinos” pero para que vean que no nos sentimos los mismos cambiamos el nombre. Veníamos tocando mucho en la semana y ya el sábado estábamos deshilachados. Ahora le dimos otro aire y reina la atmósfera que a mí me gusta. Nos juntamos a tocar y ya sabemos que hay que hacer, dejando tiempo para decir pavadas en los camarines. En esta cierta edad buscamos divertirnos porque ya no nos quedamos más luego de tocar porque la noche ya no me divierte. Más allá de que algunos dejamos de beber, la noche está peligrosa, no está graciosa. Sobre todo si tenés que dejar el auto a 15 cuadras del lugar donde tocás. Así que es una buena fiesta. Tenemos a Deborah Dixon de “estrella fugaz” invitada. Digo eso porque ella tiene sus compromisos y la tenemos cada tanto. También tocamos sin ella. Tenemos a Nacho Porqueres en bajo, que es sobreviviente de un Trío que tuvimos con Juancito Moro y al viejo y buen Timoty. También tenemos a Ryan Anderson en guitarra, un tipo “inesponsoreable” ya que es americano y se arma las guitarras que quiere. Prometí que grabaríamos un disco pero eso se demoró porque no tengo los temas tan cocinados como para prescindir del estudio de grabación. Encime me dijeron que para grabar se sigue necesitando mucho dinero, entonces estamos esperando.

GIRA 2012

Vamos a estar en la Costa en general. Con Paulinho Nunes estaremos en Gesell con grupo digestivo y gastronómico y hacemos juego con cualquier tapizado. Hay percusión, guitarras y voy a aprender a tocar la flauta traversa nuevamente, ya que Parker (otro sponsor) me ha regalado una. Y el 26 de enero en CR tocaremos con “The Royal We”, con Débora Dixon incluida. Ahí hay sastres en la puerta porque es un balneario en el que la gente va vestida, prácticamente. De vuelta en Buenos Aires tenemos una fecha en el Samsung Studio en marzo. Así que será un verano para andar sigilosamente. Para mi es grato lo de tocar con Paulinho porque es un brasileño que se dedica a tocar música brasileña, literalmente. Toca Bossa Nova muy bien y tiene temas formidables y tiene gustos muy claros. Lo que no le gusta te lo dice directamente. Yo trabajo únicamente bajo presión, así que es una muy buena oportunidad para meterme en el género Bossa Nova.



ESCENA ACTUAL DEL ROCK

Yo no estoy muy informado, pero escucho cosas como Los Babasónicos o El Pity y eso me gustaba. Los “Illya Kuryaki and the Valderramas” me gustaba, pero lo que hicieron ellos por separado no tanto. Con Skay y el Indio me pasó lo mismo. Skay tiene un par de temas que me llaman más la atención. Skay es de mis guitarristas favoritos. A él lo tengo en el panteón por su sonido, sobre todo. Yo siempre digo “jóvenes, se puede admirar a sus amigos”. Que la distancia no haga que en los agradecimientos uno se olvide de los que tiene más cerca. De hecho es mi caso. Yo admiro a la gente con la que toco. A Patán lo admiro, a todos. Tenemos temporadas en las que “no nos parecemos ni a nosotros mismos”, cosa que es triste pero no trágica. Skay en ese aspecto me gusta en algunos temas del disco “El mar de los Sargazos” por el sonido que tiene Skay. Es un psicópata que se encierra en la sala a dos amplificadores y está horas y horas buscando “él” sonido, porque clava una nota y te mata. Yo he visto intentos donde le quisieron pasar escalas de guitarristas tradicionales y él decía “sí, sí” pero no las agarraba. No sé si porque se hace muy bien el boludo o porque va por otro lado completamente, que es lo que creo. Se ha concentrado mucho en el sonido y lo ha logrado, porque clava un dedo y es como Santana, sabés que es él. Después están los grupos que su única idea es imitar la idea del otro, que ya sabemos a dónde van o no sé bien a dónde van pero yo ahí no voy. Es muy extraño todo eso de hacer todo con una idea. Eso lo veo en los grupos de supuesto reggae, que me parecen espantoso. No podés hacer todo con una idea, es muy triste. Y encima tampoco sé si la idea es de ellos, pero hay algunos grupos que no entiendo como lo hacen porque saben que están imitando a otras bandas. Hay una edad donde es divertido, pero en tu casa, y hay otra edad posterior a esa donde podés estar sobre un escenario pero completamente ebrio. Así que les deseo suerte en su próxima reencarnación. Supongo que debe ser muy complicado meterse al ruedo con ideas raras. Mientras digo esto pienso en la gente que debe tener cosas para decir, mucho más interesantes que las mías, y están ahí juntando unas monedas para poder cambiar la tercera cuerda de su guitarra. Eso nos pasaba a nosotros al principio. No es que ahora tengamos plata, sino que sabemos “manguear” mejor. Así que espero que haya un lugar donde le den cabida a grupos extraños. Creo que ni en Londres ni en Nueva York es fácil. Nunca lo fue. En Londres tuve la suerte de tocar en el “Kasmin Club”, que ahora lo anduve rastreando y no estaba. Pero era un semillero del “kiosco que tiene armado Peter Gabriel”. Ahí se tocaban dos temas por banda luego de una selección. Yo estuve ahí unos días y les hice llegar el disco  “Eco” y me dejaron tocar 2 temas y cuando fui a la prueba de sonido quería metérmelos en el bolsillo y toqué “Corcobado” y nunca pensé que podría salirme tan bien. Terminé tocando cuatro temas. O sea que fui el niño consentido para asco de todo el mundo. Eso salió online en todo el mundo y acá mis amigos no lo pudieron ver. En el año 2000 me di una vuelta por Europa con unos ahorros para demostrarle a EMI de otros países que yo existía aún. En Bélgica mi música la editaron y se vendía, pero se ve que el plan es que no se grabe más nadie que no haya vendido un millón de discos. Yo también sumé los de embrague y los de empanadas, pero no llegaba igual. A mí me sentaron y me dijeron “cuántos discos grabaste, cuántos vendiste” y al responderles el tipo que estaba enfrente mío directamente se fue. Acá no estaría mal que alguien apueste a eso; Chabán lo hubiera hecho pero le tocó ser “cabeza de turco”, valga la redundancia. No digo que lo que hizo esté bien pero era lo que había que hacer para tener un boliche. Así que “free Chabán”, por favor. Esto es rock and roll, no es Disney. No creo que haya podido no pagar coimas. Chabán en la época de la dictadura le puso el pecho para tener el “EINSTEIN”, que hoy pasas y ya no queda ni el gimnasio que había. Era un lugar donde veías todos los días grupos que luego serían el “Virus” que conocemos o los “Twist” que conocemos. Estaba muy bueno; me acuerdo que la gente se transformaba en amiga y se salía y había unas bandas que no estaban pensadas de verse. Ahora, estuvo muy bueno lo del “Festival de Jazz de Buenos Aires” y lo que ha hecho Gillespie con “Los embajadores del swing”, porque vi tocar a Litto Nebbia que no había visto nunca. Y me perdí unos cuantos que me hubiera gustado ver. Por ejemplo, Javier Martínez, con el que alguna vez grabé y luego no nos vimos más. Es uno de los próceres del rock mal llamado nacional. Digamos “rock porteño”. Estaría muy bien que esas ideas se expandan. Creo que es muy caprichoso lo que hay para la escena. Yo tengo un trato con BELUSCHI, donde estoy contento porque el “fernet es de la marca que corresponde”, que como buen maniático miro. Tenés que tocar en lugares donde la gente que paga una entrada sea trataba bien. Me cansé de lugares donde “las meseras están frías y la cerveza caliente”.

WILLY CROOK Y LA POLÍTICA

Hoy pasa algo muy raro. No entiendo qué significa la palabra militancia. Ser militante yo únicamente puedo atribuirlo a estar en contra de los militares. Qué es ser militante sino. ¿Es ser pichón de político? Entonces si es aso, es ser un aprendiz de un tipo deplorable. No conozco a nadie que en la política no sea así. Yo quiero ver más educación y no la veo. Temo por la gente de las próximas generaciones. Hay un nivel de ignorancia que sorprende. A los pibes los está matando el paco. Mirá que yo probé drogas y demás y vi gente mal. Pero el paco está matando a los pibes. Los ves un día y cuando te los cruzás un mes después ya están arruinados. Así que no sé de qué militancia me hablan. No entiendo cómo los músicos se suben a esa historia.

Sebastián Konrad
(Marzo 2012)

“Te tiene que gustar lo que tocás, sino no hay razón para hacerlo”



Tony MacAlpine, el virtuoso pianista y guitarrista quien ha acompañado a Steve Vai en sus giras con el G3, nos introduce en su carrera musical.

Tony MacAlpine comenzó desde joven con la música, estudiando piano en el conservatorio. Luego amplió su universo musical, introduciendo la guitarra entre sus instrumentos. Junto con otros guitarristas reconocidos, fue pionero del Heavy Metal Neo-Clásico y fue acumulando fama hasta llegar a formar parte de la banda que Steve Vai utilizó para realizar las giras del G3.
Su generosidad hizo posible que, a la distancia, podamos tomar contacto con él y conocer su carrera con mayor profundidad.


¿Cómo pensás que influyó en vos haber empezado a tocar el piano desde chico?

Empecé a los 5 años y durante los siguientes 18 estudié la música clásica y piano en el Conservatorio Springfield de la Música. Esta temprana exposición a la música de los mayores compositores en una edad tan joven es simplemente increíble, y me considero muy afortunado de tener a los padres que gastaron el tiempo y el dinero para matricularme en esta escuela. El piano es un instrumento muy orquestal y esto le permite ver y experimentar la construcción de la música y la manera de comprenderla.

¿Por qué te decidiste a usar la guitarra como tu  instrumento principal?

Mi hermano Chris tocó la guitarra y era una gran influencia para mí, para intentar mi suerte en ello también. Había mucho estímulo de miembros de familia para intentar y jugar tantas cosas como fui capaz. Entonces, realmente pienso en mí como una persona que juega con la guitarra y juega con los teclados,  no con un u otro.



¿Qué te condujo a experimentar con el estilo instrumental?

Me gusta improvisar sobre la guitarra y gastaría horas diariamente a perfeccionar mi comprensión de acordes complejos y progresiones. Esto es una fuga verdadera de leer e interpretar la música con el material clásico. El concepto de fabricación de música es muy diferente cuando uno improvisa, como así los resultados son un poco más espontáneos.

Sos un guitarrista con mucha técnica. ¿Pasás muchas horas durante el día tocando?

Sí, y además disfruto desarrollando mi estilo y constantemente trabajar con otros artistas que escriben la música que me fuerza a integrar técnicas para tocar. Sobre mi nuevo CD solista hay muchas canciones que he compuesto sobre otros instrumentos que la guitarra. Como un guitarrista, esto me presentó ciertas demandas técnicas que debieron ser vencidas para alcanzar los resultados deseados positivamente.

¿Cómo hacés para desempeñarte correctamente en estilos diferentes musicales?

Sólo puedo decir que me gusta lo que hago. Entonces comprendí desde joven que te  tiene que gustar lo que usted hacés o no hay, en mi opinión, ninguna razón en hacerlo. Me gusta leer nuevos trabajos, así como tocar en vivo y actuar recíprocamente con otros guitarristas como he hecho durante los años. También hago bastantes investigaciones con proyectos y la práctica desde luego buena es esencial para tocar bien.



¿Cómo fue tu experiencia junto a Steve Vai? 

Steve es un buen amigo y un hermano musical. Hemos viajado y hemos tocado en todo el mundo desde hace algún tiempo hasta ahora. Su experiencia es su fuerza y su individualidad es su tarjeta de visita. ¡Crear música con él tiene mucha diversión!

Hemos visto un DVD en Tokio junto con Steve Vai donde tenés una camiseta de Chacarita Juniors, un club argentino. ¿Cómo llegó a vos?

En aquel tiempo me gustaba llevar todos estos diferentes uniformes. Yo los compraba y tenía muchos para llevarme. No es que yo esté tan bien informado sobre el fútbol…

En tu última etapa utilizaste guitarras de 7 y 8 cuerdas. ¿A qué se debe el cambio? ¿Qué te aportan este tipo de guitarras?

Mi guitarra Ibanez de  8 cuerdas tiene una cuerda inferior que es afinada en F#, mientras que la Ibanez de 7 cuerdas utiliza una cuerda en B más baja. Estas guitarras Ibanez tienen una sonoridad aumentada de tono, que produce acordes mucho más pesados, más llenos con las alusiones más profundas que son imposibles recrear con instrumentos de 6 cuerdas. Esto se ha utilizado mucho desde mis días en “Planeta X”.

¿Qué equipamiento estás utilizando hoy día?

He estado usando Hughes y Kettner TriAmps muchos años en el estudio, y recientemente comencé a usar el Hughes y Kettner Coreblades. Estos amplificadores tienen todos los efectos incorporados en el cabezal. Entonces evito usar cualquier estante externo. También tengo un pedalboard que consiste en un pedal de volumen y de Wah Wah “Ernie Ball” y una caja de Distorsiónes.



¿Qué proyectos a futuro tenés?

Mucho turismo en vivo con mi nueva banda, que consiste en Aquiles Priester en batería, Nili Brosh en guitarra y Bjorn Englen en bajo. Visitaremos tantos sitios en Europa, Asia, Sudamérica y por todas partes como sea posible. Encabezaremos a Europa en febrero durante un mes, y luego sobre Asia y Sudamérica.

¿Visitarás nuestro país el próximo año?

¡Todavía no confirmamos fechas, pero estaremos allí! Todas las fechas para el futuro pueden ser comprobadas en www.tonymacalpine.com.

Sebastián Konrad
(Diciembre 2011)

martes, 30 de agosto de 2011

Litto Nebbia, el arte de componer canciones

Litto Nebbia, uno de los pioneros del rock nacional, recorre toda su historia, desde sus inicios en Rosario. Nos habla de La Balsa y de sus inagotables sueños como músico. Un reportaje imperdible con uno de los personajes más destacados de la música argentina.



Los innumerables árboles, la paz y la armonía que reinan en Tigre, dibujan el paisaje ideal para Litto Nebbia. Lejos de la ciudad y de las urgencias, él encuentra allí su refugio, su lugar. Con sólo entrar en una de las salas, se logra comprender que su universo gira en torno a la música.  La enorme cantidad de discos, de libros y de instrumentos que lo rodean, explican porqué decidió desde joven hacer de su vida una obra interminable.
La experiencia que nutre su extensa carrera es convertida en sabiduría, que se transmite en cada una de sus palabras. La música es inherente a él. La lucha por el arte también. Es por eso que a la hora de realzar una obra ajena, lo hace. Y a la hora de detractar a las discográficas multinacionales y a los personajes que atentan contra la música es el primero en exponer su postura.
Con ese espíritu incansable nos introduce en su historia, hablando de los mitos del rock, de sus costumbres y sus gustos, hasta llegar a su actualidad como músico.

Tomaste la decisión de venirte a Buenos Aires impulsado por tus sueños, ¿cómo fueron esos primeros momentos?

El éxito de Los Gatos era una cosa arrasadora. No era como ahora, ni siquiera Soda Stereo era así. En ese momento no existía lo masivo y nosotros estábamos en los ranking de 12 o 14 países primeros. Estábamos relacionados con el comienzo de los Beatles, a todos los lugares donde íbamos había mujeres, era un quilombo. Teníamos un montón de gente que nos adoraba, y otros tantos que nos tenían envidia porque no llegaban donde querían.

Vos trabajaste como bajista, haciendo reemplazos, y también con Los Gatos en La Cueva. ¿Sandro en ese momento también estaba con ustedes allá?

Sandro habrá ido un día a tomar algo, nada más. Ahí no pasaba nada, te tomabas un whisky a las 3 de la mañana, pero no había drogas ni nada. Alguna vez habrá ido, pero no es que “La Cueva es de Sandro”. Nosotros laburamos nueve meses allá, éramos el número estable con Los Gatos y lo usábamos para pagar la pensión. En esos nueve meses solo lo vi una vez a Sandro. Se inventa demasiado y las cosas verdaderas nunca las sabe nadie.

Allá por los comienzos comenzaste a fusionar tu música con otros estilos. Fuiste un pionero en amalgamar distintas vertientes musicales...

A veces dicen que yo me separé del rock. Yo nunca me separé de nada. Lo que sucede es que yo quería hacer cierta cosas que nadie quería hacer. Los rockeros de turno, de ese momento, pensaban que la música brasilera no tiene onda o que a Los Beatles no tenían swing. Yo empecé a codearme con tipos que tenían un espectro cultural más amplio, que eran más abiertos. En los ´70 toqué con músicos como Domingo Cura, Dino Saluzzi., Chango Farias Gómez, Manolo Juárez, Osavaldito López, Negro González, El Chivo Borraro,  Rodolfo Alchourrón, Néstor Astarita, el Gordo Fernández. Ellos tenían otra mentalidad y por suerte los encontré y me mezclé con esos tipos.

¿Hoy en día hay una apertura mental mayor en los músicos?

Ahora hay una apertura mayor, es natural que entre un violinista a tocar. A nosotros cuando tocaba con Domingo Cura nos querían matar. En el ´72 toqué en un boliche dos noches en Villa Gesell, y tocaba Mercedes Sosa después de mi. En esa época cantaba “El Bohemio”, y ella en una charla dijo que no era una zamba porque no tenía la medida. Pero yo soy músico, no modista y no hago jazz, pero toco cosas así. Una cosa que hay que rescatar, es que si bien hay apertura a mayor nivel, en aquella época, todos colaborábamos con quien grababa el disco, todos tocábamos para el otro. Teníamos en claro que la palabra fusión era mezclar las disciplinas, no bajar el nivel. Era producir una alternativa de música. Ahora ocurren pocas reales fusiones, pero falta profundidad de investigación. La fusión es mezclar con naturalidad distintas escuelas, porque todos venimos de lugares distintos.

Antes había más tiempo, menos vorágine...

Para mí, este avance que ha tenido en el mundo el querer ser famoso y tener plata ha hecho que el arte baje. Cuando digo esto, no lo tomo con los músicos que me gustan ni a mi vida personal, pero tengo un libro que trae el ranking de todos los meses durante 25 años, donde todos los discos son impresionantes. Hay discos de Frank Sinatra, de los Beatles, The Animals. Si vos agarrás el ranking hoy es una mierda. Antes hacías buena música y también te hacías millonario, no es que no ganaban plata. Entonces me pregunto, porqué se permitió torcer este negocio, que no haya creatividad. También pasa con el cine, no hay guionistas, no se que pasa. Debe ser un momento de la historia de la humanidad que quizás dura 20 años. Desde los ´80 en adelante comienza esto “light”, esto superficial, y cada vez va en mayor ascenso. Para mi esto no tiene futuro, no tiene volumen 2. Ahora hay grupos que siguen 200.000 personas en Europa, pero eso no es arte. Arte es un tipo que se encierra tocando en una pieza, estudia, y después si puede llegar a tener éxito es una gloria. Sólo se piensa en pasarla bien...

¿Antes no se pensaba en pasarla bien?

¡No! No te quiero decir que fuera uno un torturado. Claro que teníamos cosas propias de la edad, pero siempre pretendíamos que el disco que viene sea mejor que el anterior. Vos fijate que hoy en día hay tipos que tardan 5 años en grabar un disco y cuando sale el nuevo es igual que el otro. Todo tiene que ver con el dinero.

Considerás mejores los discos de antes...

Nuevos discos tengo poquitos, no hay demasiadas cosas nuevas que sean buenas. En Londres fue a una disquería donde me compré un montón de discos de bandas nuevas, hasta de tipos que ni conocemos acá. Hay discos que están bien. Todos dicen que suenan bien, pero si hoy no sonás bien tenés que ser un boludo con toda la tecnología que hay. Lo más feliz que escuché suena parecido a algo. Entonces ahora valorás más todavía que bárbaro es un disco como “Foxtrot” de Genesis o “A passion play” de Jethro Tull. Cuando escuchás los discos nuevos no pasa nada. Tampoco hay obligación, no es que cada cinco años tiene que cambiar la música en todo el mundo y salir una banda como Beatles. Son épocas, son etapas. Yo creo que la etapa ´60 en adelante fue muy fuerte, persiste y aún no hay nada que lo reemplaza. Quizás no deba haber algo que lo reemplace, pero lo nuevo es todo negocio.

¿Crees que en el ambiente del jazz también está devaluada la música?

En el jazz hay tipos que tocan bien técnicamente, que salen de altas escuelas de EE.UU. pero no llegan en cuanto a lenguaje. Les falta calle, les falta eso que encontrás en discos de Bill Evans, Miles Davis, Chico Hamilton. Ellos te pasan por arriba, ahora todo es más confortable. Esto no pasa “porque todo tiempo pasado fue mejor” o porque soy antiguo, es porque los discos de antes están mejor.

Pasaba lo mismo con los tangueros o los jazzeros en esa época...

En esa época con los tangueros ocurrió una cosa. Realmente los tangueros en los años ´60, cuando muere Troilo, se les desarma el trabajo, no tienen trabajo. Ese desarme coincide con una visión periodística y empresarial que inunda el ambiente diciendo “que los chicos jóvenes quieren otra cosa, que los tipos son todos viejos y el tango es para cornudos”. Se decía cualquier cosa, y los tangueros se sintieron que perdieron todos y que la nueva ola “les cortaba las piernas”. Yo me volvía loco por el tango pero yo hice un grupo como Los Gatos, no iba a comprarme un bandoneón, no se me ocurrió. Se me ocurrió hacer mis canciones con mi problemática, dejarme el pelo largo. Tengo dos anécdotas. Cuando estaban los carnavales de Comunicaciones, los organizadores llevaban un conjunto de tango, uno de boleros y un número de la juventud. Los Gatos tocaban en el de la juventud. Cuando terminó de tocar Aníbal Troilo subimos con Los Gatos, y cuando ellos bajaban ni nos mirábamos con los tipos como si fuéramos enemigos. Más de treinta años después tuve la suerte de producir discos del último cantor de Troilo, Tito Reyes, que era quien cantó esa noche. Era un divino, un extraordinario y me hice amigo de él, y me entero que era uno de los que bajaba del escenario en ese momento. Y me sentí un tarado. En ese momento pensaba, “mirá con que cara nos miran éstos” y ellos pensaban lo mismo de nosotros y en realidad no era así.
La otra anécdota es que en la revista Gente me invitaron a un evento que unía músicos del tango y del rock de esa época. Cuando llegamos están los fotógrafos y periodistas, y el modelador lo empieza a plantear como una especie de “match” y a mi me agarró una bronca bárbara y me fui, porque me habían engañado. Yo pensaba en algo fraternal, donde ellos pudieran contarnos sus cosas, sus historia de la noche. A la otra semana sale la nota “Tango vs Beat” y yo en un recuadro salía como el renegado, el que no quería participar y me prohibieron nueve años en esa revista, como persona no grata. Luego terminé saliendo como personaje del siglo. Primero era prohibido y luego personaje del siglo, entonces ¿cómo es? Las confusiones se dan por los medios porque nosotros no teníamos bronca.

Tiempo después terminaste haciendo producciones con tangueros, ¿cómo fue revertir esa imagen que se había generado?

En RCA cuando nosotros grabamos teníamos que ir al estudio, y como el estudio de música estaba en el fondo, teníamos que pasar por los estudios donde grababan los otros estilos. En una de las salas estaban Goyeneche y Troilo. Imaginate que no iba a pensar que iba a terminar produciendo discos de Goyeneche y que iba a vivir a unas cuadras de Melopea. A mi me gustaba el tango y cuando pasamos estaban ellos sentados y no se me ocurrió saludarlos, porque tenían cara mala. Pero era porque estábamos influenciados que el tanguero nos quería matar por el pelo largo. Pero eso sólo lo inventó el ambiente. Tuve luego la suerte de conocer a muchos de ellos y hacer discos.

En la época más triste y sangrienta de nuestra historia tomaste la decisión de exiliarte. ¿Qué te llevó a viajar a México?

Nunca me enteré porqué, pero estaba prohibido en un montón de lugares, me decían que me iban a matar. De hecho me llevaron a un lugar de la fuerza, y me tuvieron ahí. Cuando decidí tomarme el viaje, me secuestran el pasaporte y me lo hacen ir a buscar otro día al lugar donde me habían tenido. No tenía un mango, no daba más de lo nervios. No podía tocar nunca, no me dejaban tocar porque era una persona prohibida.
Llegué a México con 60 dólares. Los mexicanos son extraordinarios. Me ayudaron seis o siete tipos, me consiguieron lugares para tocar y terminé alquilando un departamento. Me dieron un piano y empecé a laburar, pero era un artista nuevo porque no te conocía nadie.

Más allá de ser un músico que ha tocado muchos instrumentos, ¿hay preferencia por alguno de ellos?

Es indistinto para mi. A través del tiempo logré comprender cómo debo tocar la guitarra cuando toco el piano y al revés, siempre dentro de mi onda. Esto ha hecho que nunca me dediqué a ninguno en demasía y no llegue a hacer un virtuoso. Por una cuestión de dedicación, estudios y tiempo, tengo mi técnica como para comprender, tocar e improvisar, pero nunca lo hice con el ánimo de ser un gran instrumentista. Yo soy muy hincha bolas con el tema de las armonías, entonces es un mundo, tanto en la guitarra como en el piano. Uno va moviendo la armonía y  van saliendo melodías y los contrapuntos que vos inventes, entonces he sido siempre muy buceador a la par. He tenido pocos grupos con guitarras, porque meto tantas cosas con el piano que no podría improvisar con mis compañeros. Entonces hace unos años hice algo más eléctrico para poder desempolvar las guitarra y he grabado tres discos. La banda es La Luz, donde tocaba Ariel Minimal que toca fenómeno. El ida y vuelta en el piano y la guitarra hace que salgan cosas maravillosas de los dos, pero en cierta forma son distintas porque yo no he sido un estudiante ortodoxo, sino que todo lo he ido aprendiendo sobre la base de la composición que me emergía. Soy un tipo que desde muy chico tiene la conciencia que tiene que hacer una canción original, distinta. No debe ser parecida a otro. Hoy en día ya tengo un estilo inconfundible, pero ya desde ese momento busqué la originalidad.
Si me pedís que toque con la viola sobre “So What” de Miles Davis, puede que me salga mal, pero puedo tocar cosas más complejas porque las hago sobre un terreno natural, que lo armo yo. Nunca tuve que tocar nada obligado, nunca hice un laburo donde yo tenga que tocar una música que no siento y deba cumplir. Yo escribo mis partituras, pero no se leer a primera vista, porque nunca tuve un laburo donde lo deba hacer. Yo toco todo de memoria, cosas que tienen muchísimos acordes. Pero eso forma parte de un lenguaje que se fue armando.



¿Sos de componer más con la guitarra o con el piano?

El piano es muy bueno y este lugar tiene un silencio infernal. Te sentás a tocar, suena todo bárbaro, pero un día agarrás la guitarra acústica y sale un tema divino. Es indistinto. A veces también prendo algo electrónico y hago un tema con un sintetizador o una viola eléctrica. Trato de usar todo los recursos posibles. Si bien siempre es más accesible el piano, porque está ahí siempre para tocar.

¿Qué amplificadores utilizás para tus guitarras eléctricas?

Tengo dos amplis de miniatura. Uno Fender y otro Roland Micro Cube. Suenan bárbaro.

A la hora de seleccionar músicos, ¿en qué se basa dicha elección?


Sin un buen baterista uno no puede tocar. Es el pulso, es la sangre. Yo prefiero los bateristas musicales que son los que le gustan los compositores. Por ejemplo Moro era lo mejor que hubo dentro del rock. El tipo se volvía loco por armonías de artistas brasileros y no te daba esa imagen. Él sabía tonos de canciones brasileras y por ahí venía con unos tonitos y una melodía y me pedía que le haga canciones. Para mi se debería incluir que los baterista deban saber tocar el piano, pero no para ser pianistas, sino para que el tipo sepa lo que los compañeros están tocando.
Yo siempre trato de tocar con gente que me gusta como toque y que a ellos le gusta lo que hago. Si no esto parece un laburo, un laburo cualquiera. Si hay un tipo súper virtuoso que puede tocar lo que hago, pero no le gusta mucho, yo me aburro.

¿Porqué pensás que surgen tantos talentos de Rosario?


Algunos datos puedo decir nomás. Estaba el puerto e imperaba la mafia hasta que vino la limpieza. Yo de chico con mis viejos iba a un montón de lugares, lugares donde ningún pibe de mi edad iba. Porque mis viejos tocaban los dos. Tocábamos y la farra terminaba a las 4 de la mañana y nos íbamos al café y se quedaban hasta las 7 u 8 de la mañana. Las orquestas se quedaban a vivir dos meses en Rosario, era como un lugar encumbrado. Entonces a mi me parece que eso le ha dado mucho movimiento. Y después hay una cosa rara que tiene que ver con la localización del lugar. Rosario no es propiamente dicho el interior. Todos piensan que si vienen a Buenos Aires tienen que venir con algo preparado que no sea parecido a algo de acá, es como una lucha. Nosotros queríamos venir a dar una prueba. Porque sino venías a Buenos Aires no podías vivir de la música. Había que ser original, traer algo nuevo y como yo tenía ya mis temas, ese era como nuestro fuerte. Y finalmente empezamos a tener éxito.

¿Qué te llevó a crear tu propio sello?

Ya las discusiones que tenía eran para volverte loco. Yo quería hacer otras cosas, no sólo la música mía. Quería producir cosas que me gustaban de otros tipos, entonces me acuerdo que había producido el primer disco del Gordo Fernández (y ahora estamos haciendo el noveno). Yo quería producir discos y que los editara cualquier compañía y los comentarios era impresionantes. Me decían “a quién le puede importar un disco de un gordo tocando la trompeta” y cosas así. Como nadie le veía futuro, y no me dejaban grabar tantos discos seguidos, quería dialogar con ellos para poder hacerlos. Pero no se puede dialogar con ellos, entonces me fui teniendo más de veinte producciones y hablé con Interdisc y me los editaron ellos. Terminé peleándome con esos tipos también y me decidí a hacer un sello, poner el estudio en la casa de mi vieja. No me importaba si me iba mal, bien o regular, yo quería hacer nada más que lo que me gusta. Empecé a hacer todo con guita que sacaba de los show. Tardamos como cuatro años, pero quedó bárbaro, es impresionante como suena porque está bien hecho.

¿Porqué te interesaste por el nombre Melopea?

Melopea quiere decir en latín componer canciones. Yo no sabía. A mi me gustaba Melopea, porque la palabra suena abierta, es una linda palabra. Comencé a usarlo como un nombre de fantasía en lugares donde no quería poner Nebbia, hasta que un día le puse ese nombre al sello. En el diccionario figura que Melopea es el arte de componer canciones, y en un vulgarismo es embriaguez, borrachera. Así que esa palabra es la palabra de la suerte.



Al principio todo era complicado, tuvieron que hacerse de abajo...

Empezamos con tres clientes, gente que se entusiasmaba. Nunca nos quedaba un peso, pero bueno... Yo soy un loco por el cine, se tanto de cine como de música. Y conocí un francés que era dueño de un catálogo y lo terminé convenciendo para que me de las licencias de las bandas sonoras que tenía. En esa época nadie quería escuchar las bandas sonoras. Llegaban las ventas y quizás eran sólo 38 cassettes y no alcanzaba ni para pagar la tapa. En el medio de eso, estrenan una película gallega, “Las cosas del querer”, que acá tuvo un éxito infernal y como la música nos pertenecía hicimos 200 cassettes y se agotaron rápido. Terminamos vendiendo 300.000 copias, y fue una bendición para poder tener mi sello.

¿Cómo es Melopea en la actualidad?

Estamos en las disquerías. Se vende muy poco, se vende el cerebro musical. Nos llama gente y compra a Melopea, que compran más barato. Ahora estamos con un pibe que va a arreglar la página, para poder comprar con tarjetas, gente del interior. Nosotros tenemos 640 títulos, hechos en 21 años. Es imposible que tengas el catalogo completo en stock. Vos mandás a hacer mil discos y nunca podés tenerlos todos ni stockearlos.
En Melopea siempre hay 70 u 80 títulos que están agotados, y cuando viene un cobro bueno los reponemos, pero se caen otros 70 u 80 títulos. Nunca tenemos dinero para los dos. Entre la novedad y la reposición no alcanza la plata. La forma de pago de los fabricantes son de lo más cruel. Te piden un 50% cuando los mandás a hacer u cuando están el otro 50% y ellos te pagan con cheques a largo plazo. De todas formas sacamos cosas.

¿Cómo es la relación con los sellos multinacionales?

Desde que produje el disco de Andrés Calamaro, Warner me tomó más bronca. Cuando terminamos el disco que se hizo al estilo Melopea se lo vendí a la Warner, pero a la Warner de España que tienen otro trato conmigo. Entonces los de acá se quedaron con mucha bronca. Este disco fue nominado en 11 ternas del Palacio de las Flores, pero al llegar el día de los premios no ganamos ni uno. No me hacen ganar porque adjudican que yo estoy “en contra de la industria”.

¿Qué discos tienen pensados editar este año?

Este año vamos a sacar los de Silvina Garré, de Gato Barbieri, de Merced Mustan (un grupo cordobés) y uno de Alberto Podestá (el último tanguero que quedan vivos entre los cantores) y un dvd del último concierto de Horacio Salgan y su Quinteto Real

LA BALSA,  A MÁS DE 40 AÑOS

"Es un tema muy delicado, cuando me preguntan sobre la verdadera historia parece que alguien me estuviera acusando de que me robé algo. Pero pasó lo siguiente: estábamos en La Perla y no se podía tocar, entonces nos encerramos en el baño, él me pasa una frase y un acorde y me dice ´vos que sabés esos tonos raros me podés ayudar´. En ese momento era una máquina componiendo. Él me dice tocando un solo tono, ´estoy acá muy solo en este mundo de mierda´. Era sólo el comienzo. Yo para ayudarlo a Tanguito agarro y saco esa canción con Los Gatos y saco con Moris y Pipo ´Ayer nomás´, porque nosotros teníamos pruebas para grabar, y de esa forma habiendo grabado le dábamos la chance a ellos para que se pudieran hacer socios de SADAIC. Entonces salió como salió y ellos se asociaron. De ahí salió la historia que todos ven".

LITO NEBBIA POR LUIS ALBERTO SPINETTA
¿Cómo se conocieron con Lito?
La primera vez que nos cruzamos fue en un programa de TV con Rodolfo García, si mal no recuerdo...nosotros fuimos de relleno pero Lito ya estaba en Los Gatos Salvajes como front man súper afianzado y rockeando.
¿Qué fue lo que te impactó de él?
Su figura y su música eran como un sueño para mí. Parecía salido de un film.  Aún hoy es el más importante de nuestro rock, sobre todo de una canción popular que no se quedó en "nena nena".
¿Porqué elegiste “El rey lloró” para interpretar en Vélez?
Una vez que escuché ese tema por la radio, no lo pude dejar más. Es un ícono de la mejor música en castellano. La versión original llevaba un aire surrealista que rompía con todo.
¿Qué anécdotas recordás con Lito?
La anécdota más importante es escucharlo en su casa, en la época de Almendra. Cantaba temas nuevos con la guitarra y nosotros nos quedábamos hipnotizados.  Su evolución como pianista habla de lo completo que ha sido su bocho musical. Es el Maestro de todos.
 EZEQUIEL GALASSO SOBRE LA GUITARRA DE LITTO

Todo comenzó cuando Litto me mostró el arte de tapa de un LP del '66. "The Originator" de Bo Diddley. En ella figura una de las tantas guitarras cuadradas de este gran músico.

La sorpresa vino cuando Litto me dijo textualmente "Quiero algo así, pero no igual. Que sea una guitarra para tocar blues y que suene a radio vieja cuando está desenchufada"

Tomé el desafío y preparé un par de bocetos para ver que rumbo podía tomar el proyecto. Traté que las ideas no perdieran la esencia de una guitarra austera y simple.

Después de ver los bocetos, Litto se inclinó por lo más tradicional y me dio la libertad para definir todos los detalles. La idea fue armar un cuerpo hollow body de nogal, mástil de caoba, y diapasón de ébano.



Armé un contorno de nogal, con refuerzos de rosewood y un taco de caoba que proporcionó rigidez, sustain para hacer blues y control de feedback.

Para darle terminación le realicé una cenefa con tiras de madera y al diapasón le hice unas incrustaciones de cuadraditos en nácar, que por razones obvias, quedaron muy bien con el diseño del instrumento.



Para el audio convocamos a Darío de DS Pickups y luego de una reunión en el mítico estudio melopea nos sorprendió nuevamente a todos con un diseño totalmente custom, 
llegando exactamente al tono y la respuesta que se buscaba.

En una etapa intermedia de la construcción, Litto vio la guitarra y me pidió colocarle una inscripción en el clavijero con letra cursiva (Nebbia de Rosario) y hacerle un detalle al cuerpo en algún color psicodélico característico de los años '60. Me pasó tapas de discos de esa época para que me inspire un poco y se me ocurrió hacerle un pickguard basándome en el color de uno de esos artes de tapa.



Litto quedó muy contento con el instrumento y lo estrenó en una serie de recitales en el marco de la reapertura del teatro Maipo.

Para mi fue un verdadero placer trabajar para una leyenda como él y lo que más rescato es haber conocido a una persona tan atenta y solidaria con la gente que lo rodea.

¡Gracias Litto!

Algunas características técnicas:
Mátil encolado
Escala 25” ½
Trastes Dunlop 6130
Perfil del mástil en C
Radio 12”
Microfonos DS pickups LN Originator (Neck/Bridge)

Sebastián Konrad